¿Quién en su sano juicio no quiso alguna vez tener una revista-papel propia?...Donde estampar sus ideario, opiniones, banderas de lucha, compartir emociones.
Los chilenos han sido -hemos sido- particularmente adictos al tema, creyéndonos un cuento que, por lo general, termina con la edición del primero o segundo número. Es que nadie dijo que era fácil editar, imprimir, encuadernar, distribuir y, por cierto, vender la publicidad para la subsistencia.
Pero también han existido muchÃsimos proyectos exitosos, que se han prolongado por el tiempo dejando su contribución a lo que llamamos "memoria histórica del paÃs".
La historia de las revistas en el mundo se remonta aproximadamente a 1670 cuando en Europa comienzan a conocerse los almanaques, edición anual en la cual se entregaban artÃculos sobre temas informativos relevantes del año, junto con breves novelas y poemas que buscaban entretener a los lectores. De igual manera, pronto llegarÃan otras publicaciones periódicas (como fueron los semanarios) que incorporaban a sus páginas ya no sólo las noticias más relevantes de la época, sino también gran variedad de lecturas, artÃculos sobre temas especÃficos, asà como notas de divertimento para todo público.
En Estados Unidos la llegada de las primeras revistas fue un poco más tardÃa; en el S.XVIII debuta este medio ya no sólo como difusor de lecturas entretenidas y especializadas sino como motor de impulso para una generación de intelectuales ansiosos de manifestar sus ideas polÃticas y sociales en este tipo de textos. Un aparato cultural formador de opiniones que ganaba espacio desde las trincheras ideológicas tanto como divulgador de acontecimientos.
En nuestro paÃs fue Fray Camilo HenrÃquez el visionario que impulsó el uso de la imprenta como una sorpresa que traÃa la vida independiente. HenrÃquez fue el redactor de La Aurora de Chile, primer periódico chileno, que contó con la colaboración de destacados personajes como Antonio José de Irisarri, Bernardo de Vera y Pintado y Manuel de Salas, circulando entre febrero de 1812 y abril de 1813. El Mercurio de ValparaÃso constituyó el segundo impulso que apareció con su primera edición el 12 de septiembre de 1827 y que es considerado el diario más antiguo de circulación ininterrumpida de habla española.
Desde ese entonces, los periódicos y las revistas comenzaron a proliferar en nuestro paÃs con una fuerza impresionante. Durante la segunda mitad del siglo XIX verÃan la luz publicaciones fundamentales en la historia de la imprenta en Chile tales como: Anales de la Universidad de Chile (1843), cuyo primer director fue Ramón Briseño y que se ha mantenido hasta el dÃa de hoy, transformándose en la revista chilena de mayor duración; Revista de Santiago (1848) fundada por José Victorino Lastarria; Revista del PacÃfico (1858) publicada en ValparaÃso bajo la dirección de Guillermo Blest Gana; Revista Chilena (1875), que contó con Miguel Luis Amunátegui y Diego Barros Arana como sus directores y la Revista de Chile (1898) cuyo fundador fue Gustavo A. Holley, entre muchas otras.
Es asà como desde el siglo XIX Chile se transforma en el paÃs de los revisteros. Todos en algún momento soñamos con tener nuestro propio medio de comunicación porque no nos basta con los diarios que nos informan dÃa a dÃa acerca del acontecer nacional. Necesitamos de la revista, ese medio que nos permite no sólo mantenernos al tanto de los principales hechos nacionales e internacionales sino que nos ofrece la posibilidad de conocer las opiniones de importantes intelectuales -y de otros no tanto- respecto de estos, que nos entrega un análisis completo del panorama actual, que nos invita a descubrir temas especializados o de interés general y, más importante aún, que genera reflexiones y debates en sus lectores. Esas son las expectativas y motivaciones que se repiten una y otra vez en las primeras editoriales a lo largo del siglo XIX y XX, sin importar su temática o su carácter; revistas literarias, polÃticas, religiosas, universitarias, de cultura, femeninas, entre otras, todas buscan ser un motor creador y difusor de pensamiento.
Realizar un catastro de todas las revistas que se han publicado en Chile desde el S. XIX resulta una tarea titánica. A lo sumo podemos intentar reunir y catalogar aquellas que han permanecido más tiempo en circulación o las que por una u otra razón han sido más relevantes para un periodo histórico o social, sin embargo, sabemos que muchas pueden quedar relegadas, olvidadas o escondidas. Cuántas revistas independientes, por ejemplo, deben haberse extinguido luego de sus dos primeros números, sin que por ello, podamos considerarlas intrascendentes. La falta de dinero para sus ediciones o el monopolio editorial que ha existido desde siempre en nuestro paÃs ha provocado que le perdamos la huella a muchas publicaciones que pudieron ser fundamentales en la historia de la prensa nacional.
La historia del monopolio editorial y la falta de fondos para revistas independientes se remonta a inicios del siglo XX, cuando en el año 1905 y junto a la publicación ilustrada que llevaba el mismo tÃtulo, surgió la gran empresa editora Zig-Zag gracias a la iniciativa de dos importantes periodistas: AgustÃn Edwards y Gustavo Helfmann. Su finalidad era entregar a una nueva clase intelectual y económicamente adinerada lecturas de interés y actualidad. Entre sus revistas más destacadas figuraron tÃtulos como: El Peneca, Corre-Vuela, Selecta, Familia, Chile Magazine, Los Sports, Don Fausto, Para Todos y Ecran.
Esta primera gran empresa editora serÃa sustituida en diciembre del año 1971 por un proyecto innovador que incluÃa el sentido de educación y cultura para todos y que fue impulsado por el gobierno de la Unidad Popular. Fue asà que el imperio Zig-Zag concluyó al ser vendido a Editora Nacional Quimantú, la cual se enfocó en la publicación de revistas con contenido social y a bajos precios con el fin de que todos tuvieran acceso a ellas. Entre sus tÃtulos figuraron: Cabrochico, Onda, Paloma, La Quinta Rueda, Estadio (con una larga trayectoria), Historietas Q, etc. Sin embargo, este proyecto sólo duró hasta el año 1973 cuando, tras el golpe de Estado, fue adquirida por la CORFO transformándose en Editora Gabriela Mistral. Al contrario de las empresas anteriores, ésta se enfocó en la compra de varias historietas de la empresa norteamericana Marvel, privilegiando la circulación de revistas extranjeras como: Iron Man, Conán el Bárbaro, Hulk, Spiderman, El Hombre Araña, entre otras.
A la par a estos monopolios nacionales existió otra gran empresa: Editorial Lord Cochrane que, durante los años ’60 y ’70, publicó varias revistas importantes dentro de Latinoamérica, muchas de ellas, por convenio con empresas extranjeras como la King Features Syndicate. Si bien, su enfoque fue mayoritariamente infantil al dar vida a Brick Bradford, Flash Gordon, Mampato, El hombre de la Atlántida y El recluta, entre otras, también fue dueño e impulsor de revistas tan destacadas y de contenido variado como El Musiquero, El Mundo de la Historia, Chile Forestal, El Pingüino y Ritmo.
Si bien, como hemos visto, el monopolio de las revistas en Chile ha sido influyente en la historia de nuestra prensa escrita, no ha sido un impedimento real para el nacimiento constante de publicaciones independientes que han logrado perdurar en el tiempo gracias a fondos privados y al esfuerzo de sus creadores. Desde sus comienzos hasta hoy miles de revistas han visto la luz, ediciones de diversas temáticas, especializadas, generales, de opinión pública, ligadas al acontecer nacional o informativas; de cualquier manera, sin importar su carácter, ni la medida de su influencia en el contexto social y cultural, ni el nacimiento de otros soportes mediáticos que amenazan con desestabilizar su supremacÃa.
La revista es, sin duda, un medio que se resiste a morir.
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